Hoy conmemoramos el primer aniversario del fallecimiento de nuestro querido Papa
Francisco, quien dedicó su vida a tender la mano a los más vulnerables y a quienes habitan en las periferias del mundo.

En Luján, lugar de oración y encuentro, se llevó adelante un emotivo homenaje que reunió a autoridades y referentes de distintos ámbitos, en una convocatoria amplia que reflejó la huella profunda de su legado. Allí recordamos a quien nos enseñó que la verdadera transformación comienza en los márgenes, en los lugares olvidados. Su llamado a cuidar a los más necesitados, a escuchar a los que no tienen voz, sigue siendo un faro que ilumina el camino.
En un mundo marcado por la globalización de la indiferencia, su mensaje nos invita a no mirar para otro lado, a reconocer en cada rostro que sufre, en cada ser que pide justicia, paz y dignidad, la presencia de Cristo y a inspirarnos en quienes, como los "Hogares de Cristo", hacen de la cercanía y el compromiso una forma concreta de no ser indiferentes.
Hoy, más que nunca, su legado nos invita a seguir trabajando por una sociedad más justa, solidaria y cercana a quienes más lo necesitan.